¡Peblo para el pueblo!

Estábamos destinados a estar juntos, lo supe desde la primera vez que lo vi, tan alto, tan guapo. No sería un chico fácil, me di cuenta pronto, e inicié un tira y afloja con la esperanza de que se fijara en mí. Sus miradas furtivas me decían que sí, pero esas palabras no llegaban a sus labios. Yo le tendí la mano incansable, sacaba fuerzas del amor imperecedero de mi corazón, esos sentimientos no podían ser en vano. Sabía que nuestra relación no estaría bien vista, sus padres insistían en que se casara con un niño pijo, pero yo no flaqueé, mantuve mi mano extendida esperando el momento en que me diera la suya y poder comérsela a besos.

Al fin, hace dos días, me dio el “¡Sí, quiero!” y nos fundimos en el abrazo más esperado de la historia de España. Ahora nos besaremos cada día en el congreso ante las miradas furibundas de los nazis y gobernaremos juntos para el pueblo. ¡Sí se puede! ¡Peblo para el pueblo!

Sorpresas te da la muerte

 La vida me deparó muchas sorpresas, pero ninguna comparada a la que me esperaba tras la muerte. Tropecé al bajar del autobús y caí con tan mala suerte de estamparme la frente contra un bolardo. Si no hubiera muerto me hubiera partido de risa. En fin, fui hacia la luz, ¿qué otra cosa iba a hacer?, y me encontré una especie de plató de televisión, y una bola luminosa que se me acercó y me dijo:
– ¡Bienvenida! ¿Cómo ha sido su paso por el reality show “Tierra”, como “Adela”?
– Eh…¿Qué me está contando?
– ¿En qué momento se dio cuenta de que todo era falso? –insistió la bola.
– ¿Qué era falso qué?
– ¡Todo! Vamos, se tuvo que dar cuenta de que no tenía sentido…
– Esto…
– ¡Vamos! Las casualidades, esos amaneceres tan perfectos…¿Cómo iba a ser real?
– Pues… A los doce años –mentí finalmente – Sí, ahí ya llevaba un tiempo sospechando.
– ¡No está mal! ¡Ahora puede escoger entre la reencarnación deluxe en el planeta Gamma Rieri, o la caja misteriosa!
– ¡La caja, la caja!

Nunca se sabe

Liberado de su maldición, Bruce Banner pudo volver a su laboratorio a retomar sus investigaciones. Los primeros meses fueron de felicidad absoluta, nunca más viviría con el miedo a perder el control, pero a medida que pasaba el tiempo, sus temores fueron otros.
Cada vez había más y más recortes en investigación, obligando a los científicos a trabajar y vivir en condiciones de indigencia. Bruce añoró los tiempos en que pudo haber obligado por la fuerza a hacer a los políticos lo que ahora era incapaz de lograr con la razón.