Al habla Penélope

Qué estupidez esta de tejer y destejer, ¡menuda ocurrencia! A ver si vuelve de una vez Ulises y mantiene a raya a tanta hiena que no entiende que no me quiero casar de nuevo. Cada día están más pesados, y yo que debería estar dedicándome a gobernar, aquí perdiendo el tiempo con estos trapos. Ya, ya termino, al fin puedo ir a la cama con Melania. Alguna ventaja tenía que tener la ausencia de mi esposo.

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Majestuosa criatura

Esa majestuosa criatura se dirigía directamente hacia mí y no pude menos que devolverle la sonrisa. No era humano, lo sé, sus cabellos refulgentes y su apostura revelaba su origen élfico.

Me puse nerviosa, no estaba preparada para eso. Llevaba casi un año sin ir a una fiesta, y aunque el vestido negro y el carmín rojo me quedaba realmente bien, ocultaban traumas y cicatrices.

¿Debía responder a sus atenciones, o huir lo antes posible?

¿Volvería mi corazón a romperse en mil pedazos, o me ayudaría a recomponerlo?

Todos esos pensamientos pasaron por mi mente en los dos segundos que tardó en alcanzarme y sobrepasarme para llegar a la mesa de los canapés.

BATALLA EN BELEN

Esta madrugada se han producido altercados violentos por el control de un portal en desuso. Una familia de okupas se atrincheró allí al comienzo de la noche y convocaron a fuerzas de las oscuridad, que reaccionaron de forma extremadamente violenta cuando un grupo de patriotas trataron de sacarlos con palos y piedras, al grito de «¡Belen para los betlemitas!. Según los valientes supervivientes, tres brujas les impidieron el paso con sus cayados al grito de «¡No pasarán!»

Cuento navideño

Tenía la piel de seda, no quería dejar de acariciarla nunca. Los ojos como la hierba fresca, no quería dejar de verme reflejada en ellos. Su risa era la melodía más hermosa del mundo. Convivimos apenas dos meses, montamos un enorme árbol de Navidad, y nos llenamos de regalos, risas y besos. Se fue el último día del año y he vagado triste y solitaria como alma en pena hasta hoy, que tengo bien envueltos, debajo del árbol, su piel y sus ojos. Su risa, por desgracia, ya no la escucharé más.

Mi día a día

Ese día te sentías más optimista de lo habitual, pero cuando llegaste al trabajo, ahí estaba yo. Primero me negué a encenderme y cuando llegó el técnico empecé a funcionar con absoluta normalidad, para volver a apagarme diez minutos después de que se marchara. Pocos saben que los ordenadores tenemos sentimientos, malvados sentimientos.

Miedos

Le daba miedo la caja. Trataba de distraerse coloreando en su cuaderno, pero a cada momento, levantaba la vista, y allí estaba, la caja de madera con el sello de lacre, una orquídea en el sello. “Ábrela cuando estés preparado”, ponía en la tapa. ¿Cómo sabría cuándo estaba preparado? Coloreaba, la miraba, coloreaba, la miraba. Una llamada rompió la monotonía. Su amigo Pedro lo invitaba a jugar a su casa. Así se liberaría de la obsesión de la caja. Nunca supo que estaba llena de besos.

¿Y si nos quedan cuatro semanas?

Salgo con mis compañeros a pedir que dejemos de hacer daño a la Tierra, para tener un futuro. Lo paso bien y además es necesario, tenemos que cuidar del planeta, de los animales y unos de otros. Mis mamás dicen que están muy orgullosas de mí, pero no sé por qué no salimos en la tele, en las noticias solo hablan de tonterías de hombres enfadados, banderas y lazos. Mis mamás tienen miedo de que en las próximas elecciones ganen los malos, a mí me gustaría votar para cuidar de la Tierra, pero aún no puedo.

Cuando ganan los señores malos, mis mamás lloran mucho y yo también. Me dicen que ya no puedo salir a protestar, ni llevar la bici con flores, ni llamar la atención. No sé bien a qué se refieren, pero ellas dejan de ponerse guapas y de darse besos por la calle.

En mi cole, empiezan a faltar niños, todos los que no son blancos. Nadie nos dice qué pasa con ellos, pero las maestras lloran. La profe Lola deja de venir también.
Un día mi mamá Elo no vuelve a casa y mi mamá Lidia no para de llorar. Nos vamos a vivir con los abuelos, que también lloran mucho. Un día el tío Nacho también desaparece.

Ya nadie habla de la Tierra y cada vez hay menos comida. Yo respiro cada vez peor, pero no podemos decir nada, por si somos los siguientes en no volver.