Tristes fantasmas

– ¡Me he acostado con más de cuarenta mujeres! –afirmó Nacho.
– ¡Yo aguanto cinco horas sin parar! –replicó Fernando.
“Imbéciles”, pensó la camarera sirviéndoles más cerveza.

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La bailarina

Desde que cumplió los diez años, Patricia bailaba cada anochecer en el patio de su casa. Cada crepúsculo una coreografía distinta, que ejecutaba de manera elegante y precisa sin ninguna música que la acompañase. Los niños del barrio se acostumbraron a espiarla desde el seto, con más curiosidad que burla, tratando de entender sus bailes. Nunca supieron que esos movimientos eran la forma en la que Patricia enviaba información sobre los humanos a los suyos, entre las estrellas.

Despedida

Hoy sería la última vez que lo hacía. Abriendo bien el pecho, sopló y la ciudad se cubrió de escarcha. El lago, congelado, le devolvía su reflejo, flanqueada de estrellas. Sonrió, su labor había terminado por este año. Camino a su merecido descanso, saludó con un gesto a su hermana, que traía el calor de la primavera entre sus manos.

Al habla Penélope

Qué estupidez esta de tejer y destejer, ¡menuda ocurrencia! A ver si vuelve de una vez Ulises y mantiene a raya a tanta hiena que no entiende que no me quiero casar de nuevo. Cada día están más pesados, y yo que debería estar dedicándome a gobernar, aquí perdiendo el tiempo con estos trapos. Ya, ya termino, al fin puedo ir a la cama con Melania. Alguna ventaja tenía que tener la ausencia de mi esposo.

Majestuosa criatura

Esa majestuosa criatura se dirigía directamente hacia mí y no pude menos que devolverle la sonrisa. No era humano, lo sé, sus cabellos refulgentes y su apostura revelaba su origen élfico.

Me puse nerviosa, no estaba preparada para eso. Llevaba casi un año sin ir a una fiesta, y aunque el vestido negro y el carmín rojo me quedaba realmente bien, ocultaban traumas y cicatrices.

¿Debía responder a sus atenciones, o huir lo antes posible?

¿Volvería mi corazón a romperse en mil pedazos, o me ayudaría a recomponerlo?

Todos esos pensamientos pasaron por mi mente en los dos segundos que tardó en alcanzarme y sobrepasarme para llegar a la mesa de los canapés.